Antes de que existiera Miaurketing existía una pareja con un departamento pequeño, dos cargadores de iPhone compartidos, y un gato callejero que terminó quedándose. Luego otro. Luego siete más.
Esa misma paciencia — la de ganarse la confianza de un animal que no quiere ser tocado — es la que aplicamos cuando una marca llega rota, mal posicionada o agotada por agencias que prometieron y no cumplieron. No vendemos magia. Construimos, observamos, ajustamos. Igualito que con los gatos.